martes 12 de abril de 2011

Autorretratos indecentes





La indecencia, esa palabra hermosa que mascullan las mujeres mayores con un pescado entre los dientes en las colas de los economatos.
Ese olorcillo a piel y a veces ese orín tan innoble bajo las faldas negras de su luto.
 Y también todos los pensamientos lujuriosos que por la vecindad, tras los cristales de las cocinas, se empecinan en permanecer casi velados, casi ausentes.
La indecencia me excita, me obliga a maquillarme en exceso, a ponerme soez por las mañanas cuando te susurro al oído las más tórridas barbáries.
Por eso, es una de esas cosas que me hace vivir, esta indecencia y esta pataleta y esta perniciosa decrepitud de todas las virtudes.