La indecencia, esa palabra hermosa que mascullan las mujeres mayores con un pescado entre los dientes en las colas de los economatos.
Ese olorcillo a piel y a veces ese orín tan innoble bajo las faldas negras de su luto.
Y también todos los pensamientos lujuriosos que por la vecindad, tras los cristales de las cocinas, se empecinan en permanecer casi velados, casi ausentes.
La indecencia me excita, me obliga a maquillarme en exceso, a ponerme soez por las mañanas cuando te susurro al oído las más tórridas barbáries.
Por eso, es una de esas cosas que me hace vivir, esta indecencia y esta pataleta y esta perniciosa decrepitud de todas las virtudes.










1 comentarios:
simplemente genial
besotes
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