jueves, 7 de febrero de 2008

La piel















Foto-collages digitales de Almudena López , a partir de la serie "Autorretratos 2007", de Héctor Toscano, y la serie "Autorretratos 2008", de Almudena López

En un momento determinado de mi infancia a las madres de mi barrio se les ocurrió que era peligroso que pisáramos el césped.
A escondidas metíamos el pie en la verdina.
Tiempo después se nos permitió pisar la hierba nuevamente.
Hubo un tiempo en el cual la piel era un pecado y, sudorosa, me tocaba en la penumbra de mi cuarto mientras que el crucifijo me miraba, me desaprobaba y yo me excitaba aun más con ese hombre moribundo y crucificado.

En ese tiempo yo era una niña. Por eso las horas eran largas como días y los días como años.
En ese tiempo yo adoraba los árboles y deseaba sus frutos, en una carnalidad inconsciente y fetichista.
Debajo de mi piel hoy arden aún todos esos deseos, arden y se queman, revolotean entre la luz, dentro, fuera. No son capaces de llenar un zapato de dulce semen o quizás sí, pero, desde luego, se entrelazan con las sábanas y se cobijan con ellas.
Si debajo de la piel corre la dulce sangre de nuestras venas y los líquidos que luchan por salir en cantidades ingentes en nuestros sueños, fuera de ella, sudamos.
Fuera de ella, los perros de las aceras lamen nuestro deseo de sábanas blancas.
Mi piel que se seca y se arruga levemente, se esconde, tímida, bajo los algodones. Cuando sale a la luz, se contonea o se lamenta, suplicante, deseosa, anhelante. Nunca es callada.
En ocasiones permite que la rocen en el autobús. Es caprichosa.
Ama profundamente a las otras pieles y lo que dentro, en ellas, duerme. Y se deja adular, confundir, engañar, sonrojar por el extraño brillo de los iris ajenos. Mi piel es especialmente afable con los desconocidos que la invitan a cerveza en una noche de sábado.

Y guarda en su recuerdo, dentro de ella, a todas esas otras pieles que la rozaron.
También recuerda todas las veces que fue piel.
No tiene demasiado claro si es una piel femenina o masculina, mi piel es transgenérica,
mi piel recuerda tu piel y puede revivir cada uno de tus gestos epidérmicos. Porque mi piel es vieja, y tiene alma de elefante.
Llegará el día en que mi piel deje de ser piel, entre el humus y las lombrices, se irá deshaciendo en gas, espacio, alimento de raíces, cobijo de los insectos. Yo no estaré dentro de mi piel, ni fuera de ella. Quizás seré un vago recuerdo onírico en el sueño de un niño que llena zapatos con su leche seminal hermosa y ambarina. O quizás sólo seré deseo de ser piel. O quizás sólo seré... deseo.

1 comentarios:

MANUEL DELGADO dijo...

Bellísimo, Almudena, bellísimo!!! Y la imagen del césped es como una secuencia fotográfica de esas que luego se revisan con una serie posterior...

Muy bella vuestra conjunción...

besinos